UNIR EL MOVIMIENTO SINDICAL PARA GARANTIZAR LOS DERECHOS DE LOS TRABAJADORES Y AVANZAR EN LOS CAMBIOS

     Enero 2008 – CGTB

 

      La unidad de los trabajadores es la principal fuerza de los pueblos para garantizar su independencia y recorrer el camino del desarrollo y de la justicia social. En todos los países, ha sido ese el factor determinante para llevar adelante nuestra lucha para liberarnos de la rapiña de los monopolios, de los carteles, los responsables por el hambre y la miseria en todo el mundo.

     Tuvimos que resistir al saqueo directo de nuestras materias-primas, al envilecimiento de los salarios, al intercambio desigual, a las sangrías de la deuda externa y de las remesas de lucros, hasta llegar a la reñida lucha para impedir el asalto al patrimonio público, conocido como privatización. Sectores estratégicos como telecomunicaciones, energía, mineración, petroquímica, ferrocarriles, bancos, aeropuertos, puertos, fármacos, entre otros, pasaron al control de las grandes corporaciones transnacionales. Esos monopolios, en especial los norteamericanos, controlan 52% del Producto Nacional Bruto (PNB) de todo el mundo, evidenciando la brutal desnacionalización, concentración de riquezas sin precedentes en la historia y estrangulamiento de las economías de los países en desarrollo.

     Para extraer súper-lucros, los monopolios también tienen como blanco reducir los salarios y retroceder en los derechos laborales. Por eso, los pilares de la llamada globalización, la nueva cara del imperialismo, son exactamente la concentración de renta y la desreglamentación del trabajo: “flexibilización” de los salarios, reducción de la protección laboral, crecimiento de la informalidad y ataque a los beneficios de los jubilados, además de la destrucción de la salud pública.

     El principal enfrentamiento a la devastación del Estado, a la implantación del “estado mínimo” y para impedir la vuelta a la ley de la selva partió de los trabajadores. Su unidad forjada en la resistencia a la expoliación de los carteles galvanizó a los más diversos sectores sociales, haciendo con que amplias fuerzas nacionales y progresistas pasaran a la contra-ofensiva.

     Vivimos un momento donde el desarrollo económico y social pasa a ser sustentado por los países en desarrollo, como China, India, Rusia, Brasil, Argentina, Venezuela, África del Sur, entre otros. En 2006, la economía mundial creció 5,4%, siendo que la expansión de la economía de esos países fue de 7,9%, mientras que la de los países desarrollados (EUA, Japón, Alemania, etc.) fue de apenas 3,1%. En la propia estimativa del FMI, el crecimiento en 2007 fue de 5,2%, siendo China, Rusia e India responsables por la mitad. Los EUA - que tienen la economía y el Estado controlados por las mayores corporaciones mundiales -, después del colapso de la pirámide de papeles podridos de las hipotecas, está a las puertas de la recesión.

 

LA FALENCIA DE BUSH

 

    Además de estar armado hasta los dientes – con bombas nucleares, de fragmentación, tácticas, convencionales, mísiles, etc. –, el gobierno Bush intenta apoyarse en los monopolios de comunicación. En conjura con la CIA, “bombardean” diariamente los hogares de millones de personas en todo el mundo con sus mentiras e inversiones de los hechos. Como ocurrió con la diseminación de la falsa existencia de armas de destrucción en masa en Irak, el pretexto usado para la segunda invasión, pasando por arriba, inclusive, del Consejo de Seguridad de la ONU. Igualmente la tentativa de demonizar algunos países, y sus líderes, como Cuba, Corea Popular, Libia, Irak, Irán y ahora a Venezuela, estigmatizados, por su independencia, como pertenecientes al “eje del mal”. CNN, Fox, CBS, ABC, The New York Times, y los demás órganos, más parecen el propio Departamento de Estado de los EUA en acción.

     Heroicamente, a costo de mucha sangre y sacrificio, los pueblos de todos los continentes resisten al pillaje y dejan al desnudo el terrorismo de Estado practicado por el Imperio: las mentiras para la invasión y mortandad en Irak; el campo de concentración de Guantánamo y las torturas en Abu Graib; las masacres en Afganistán; el apoyo al genocidio sionista en Palestina y al golpe en Venezuela; el bombardeo y división de Yugoslavia; el bloqueo a Cuba y a Corea Popular; la injerencia en Siria, Zimbabwe, Sudán y tantos otros países; el abandono a su propia suerte de la población pobre de Nueva Orleáns, después del huracán Katrina. Todo eso muestra la degeneración del imperialismo.

     Bush es repudiado en todo el mundo. Centenas de miles de personas tomaron las calles de los Estados Unidos rechazando la Guerra de Irak y exigiendo la vuelta de los soldados. Aislado, su gira por América Latina, al comienzo de 2007, fue el mayor fiasco, siendo caracterizado como Terrorista nº 1 en las calles de Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay, Guatemala, Colombia, México, Ecuador y El Salvador. Los pueblos en las calles dijeron no a la guerra, sí a la Paz. 

 

LOS AVANCES EN AMÉRICA LATINA

 

     Los pueblos sudamericanos están uniéndose en el MERCOSUR y en la constitución de la Comunidad Sudamericana de Naciones (Casa). Muchos avances fueron conquistados. En la mayoría de los países de América Latina, los gobiernos neoliberales fueron barridos del mapa. Emergieron de ese vendaval popular: Lula en el Brasil, Néstor y Cristina Kirchner en la Argentina; Chávez en Venezuela; Evo en Bolivia; Correa en el Ecuador, Tabaré en el Uruguay; Michelle Bachelet en Chile; Ortega en Nicaragua.

     La unidad cada vez mayor de los trabajadores ha sido el núcleo de la unión de todas las fuerzas patrióticas para sustentar y hacer avanzar los cambios que se hacen necesarios para romper con el atraso y llagas sociales heredadas del pasado. Avanza la integración y la solidaridad entre los países de América Latina, en especial los sudamericanos, expresadas en el crecimiento del comercio entre ellos y en las obras de infraestructura, a ejemplo del Corredor Inter-oceánico entre Brasil, Bolivia y Chile, que va a ligar los océanos Atlántico y Pacífico; de la conclusión de la hidro-eléctrica de Yaciretá, entre Argentina y Paraguay; del plan de integración energética entre Bolivia, Venezuela y Argentina, con la construcción en Bolivia de una termoeléctrica a gas en la región del Chapare y de una usina de separación de componentes de gas natural, además de la retomada de las inversiones de la Petrobrás para la expansión de la industria del gas boliviano; y de la construcción do Gasoducto del Sur. Identidad que se hace presente en la exclusión del dólar en el comercio entre Brasil y Argentina, pasando a ser utilizadas solamente las monedas - real y peso – de los dos países.

     El alineamiento automático a las directrices de Washington ya es cosa del pasado. El principal hecho en ese sentido fue la desarticulación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), frustrada embestida neo-colonial norte-americana, principalmente por la actuación conjunta de los países del MERCOSUR. El FMI, el guardián de los monopolios, ya no dicta más las reglas, y la creación del Banco del Sur – con acta de fundación ya firmada por los presidentes de Brasil, Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay -, tornó mucho más abierto el horizonte para la integración y la liberación del continente. Esa disposición también se mostró de forma clara cuando esos países firmaron la “Declaración de Buenos Aires” en apoyo al gobierno Evo Morales y a la recuperación por el Estado de las enormes reservas de gas y petróleo.

     Ante la nueva realidad, los monopolios, principalmente los de comunicación, pasaron a atacar ferozmente a los líderes populares. Los casos más significativos fueron los de Venezuela, en 2002, y del Brasil, en 2005. En el primero, la acción directa de la CIA y de los medios llegó a promover un golpe de Estado, con  el presidente Chávez siendo reconducido al poder por la movilización del pueblo en las calles. En el segundo, los medios golpistas deflagraron una campaña que duró más de un año para derribar a Lula. Pero la unidad de los trabajadores y de los movimientos sociales detuvo el golpe y en 2006 reeligió al presidente con apabullante mayoría.  

 

BRASIL

 

        En el Brasil, después de treinta años casi ininterrumpidos de estagnación de nuestra economía, se inició una nueva e importante fase de crecimiento, lo que abre la perspectiva de retomada del camino rumbo a la industrialización, iniciado con la Revolución de 1930, liderada por Getúlio Vargas. Este proceso fue interrumpido y se deterioró cuando los grupos antinacionales tomaron de asalto el poder en 1964, empeorando a partir de los años 1990, bajo la égida de la barbarie neoliberal.

     Ya en su primero mandato (2003-2006), el gobierno Lula paralizó las privatizaciones y la sumisión al FMI, hasta entonces vigentes, e implementó un gigantesco programa de protección social, que incluye 11 millones de familias de baja renta. Juntamente con el reajuste de 30% del salario mínimo y del aumento del empleo, eso llevó a que 20 millones de personas saliesen de la línea de la pobreza.

     En la política externa, el gobierno Lula alteró fuertemente las bases del comercio internacional, antes volcadas prioritariamente para los EUA, y fue decisivo para impedir la implantación del ALCA. La nueva política de relaciones exteriores pasó a priorizar el fortalecimiento del MERCOSUR y a intensificar las relaciones de cooperación con China, Rusia, India, los países africanos, árabes y de lengua portuguesa. Es bueno resaltar, en esa cuestión, la formación del G-20, grupo de países que han tenido importante actuación en contraposición, en el terreno económico, a la política expansionista del G-7.

     El fin de la alienación del patrimonio público, la vuelta de las grandes inversiones de la Petrobrás, nuestra gigante estatal del petróleo, la reactivación de sectores que antes estaban paralizados, como la industria naval, las inversiones para la producción de biocombustibles, la mejora de la distribución de renta y la política externa independiente sacaron al país de la parálisis económica en que se encontraba. Uno de los aspectos más visibles de eso es el resultado de la balanza comercial, que, antes deficitaria, pasó a tener un superávit de US$ 40 mil millones al año, en media.

     La nueva situación económica lanzó las bases para que el presidente Lula, al inicio del segundo mandato, en enero de 2007, anunciase el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), que prevé un volumen de cerca de US$ 280 mil millones para inversiones en infraestructura y energía, principalmente, hasta 2010. Sólo para habitación popular y saneamiento básico serán destinados US$ 40 mil millones. Cabe destacar todavía la inversión en energía nuclear, no poluyente, con la retomada de las obras de Angra 3 y la construcción de más cuatro usinas. El Brasil, además de poseer la sexta mayor reserva de uranio del mundo, domina toda la tecnología del ciclo de combustible nuclear, a partir de nuestras propias pesquisas. En relación a la energía, otro aspecto importante a resaltar es la lucha contra la tomada de tierras brasileñas por el capital extranjero, que intenta dominar nuestra producción de bioenergía.

     El enfrentamiento a la invasión del capital extranjero, y de los inevitables desequilibrios que acarrea, es uno de nuestros mayores desafíos. Mismo con el presidente Lula habiendo paralizado las privatizaciones de las estatales federales, desde el inicio de su primer gobierno, de enero a noviembre de 2007 la inversión directa extranjera líquida, principalmente norte-americana, alcanzó proporciones inauditas: US$ 31 mil millones, habiendo casi que doblado en relación al mismo período de 2006. También a remesa de lucros batió todos los récords llegando a US$ 18 mil millones.

     La reciente descubierta por la Petrobrás del gigantesco campo petrolífero de Tupi, con 8 mil millones de barriles - en un área que puede acrecentar más de 107 mil millones de barriles de petróleo a las reservas brasileñas – demuestra una vez más la importancia de la inversión del Estado para conducirnos a la industrialización.

 

UNIDAD

 

    Nosotros, de la CGTB, estamos trabajando en el Brasil para que la unidad entre los trabajadores se amplíe cada vez más y de la manera más consistente posible. Fue justamente la lucha para enfrentar a los monopolios privados que garantizó los avances conquistados y la solidificación de la unidad de los trabajadores.  No existe hoy ninguna discusión relevante en nuestro país que no tenga la participación de las Centrales Sindicales. Fue lo que ocurrió en relación al reajuste de 30% del salario mínimo, el mayor de los últimos cincuenta años, habiendo ya sido definidos los reajustes futuros de acuerdo con el crecimiento del PIB. En la discusión en el Foro Nacional de la Previdencia Social fue esencial la actuación de las Centrales para parar el golpe que estaba siendo tramado visando la privatización. Ella se mantuvo pública y nuestra lucha es para incluir a los trabajadores que todavía no están siendo beneficiados. Fruto de nuestra lucha, estamos próximos de alcanzar la más importante victoria de los últimos años, que es la aprobación en el Congreso Nacional del proyecto de ley de reconocimiento de las Centrales Sindicales, inclusive con sistema de costeo compulsorio, lo que significa un reconocimiento de toda la sociedad brasileña de la importancia de la actuación de la representación de los trabajadores. Estamos proponiendo que la unidad forjada en los últimos años avance orgánicamente, con la creación del Congreso Nacional de la Clase Trabajadora (CONCLAT), un órgano permanente de debate, resolución y acciones conjuntas.

     La unidad es de la naturaleza de los trabajadores. De nuestra lucha está naciendo una plataforma de acción común y puede y debe unificar a los trabajadores por el desarrollo económico, por el respeto a la soberanía de las naciones, por el combate al hambre y a la miseria, por los derechos laborales, por la previdencia y salud públicas y por la reducción de la jornada de trabajo.

 

 

 

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